Oraciones y Reflexiones

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Sencilla pero no guaje

10 de Abril del 2015

Maecenas pretium facilisis lectus sed molestie

«Es la sencillez una encantadora virtud que simplifica el alma y la acerca a Dios, que acorta la distancia entre Dios y la creatura –le dice Concepción Cabrera a Teresa de María–.

Un carácter esencial de la santidad es la sencillez […]. En el alma que la posee, no cabe la hipocresía; ella es franca, sin doblez, clara y limpia, porque anda en la verdad.

Hay que ser sencilla con Dios, sin paliar los defectos, sin esconder las llagas afocándose de frente con el Sol divino, viendo en crudo y en toda su deformidad nuestras miserias.

Dios te libre, hijita, de ser alma de dos vistas, dominada por la mentira y los respetos humanos. Un alma doble es el veneno de las comunidades.

Hay que ser transparente con el confesor, con el director, con las superioras; claras como el cristal, siempre.

¿En qué consiste la sencillez? En la verdad; y a medida que esta verdad esplendorosa y deslumbrante se posesiona del alma, la embebe, la calienta, la impregna, haciendo crecer en ella la sencillez. Esta virtud es un reflejo de la luz de Dios, un rayo de esa luz divina. […]

Esto no quiere decir que el alma sencilla sea tonta, que no se aperciba de lo torcido; todo lo ve, pero sin contaminarse, sin faltar a la caridad. […]

Es muy limpia la sencillez y no se deja contaminar con la corrupción de la malicia, ni con el fango de la mentira, ni con la tierra de la doblez […].

Sé paloma, pero no olvides la serpiente[1], pero siempre más paloma […].

¡Ay, y cómo se tortura el alma con lo fingido, con esos cumplimientos sociales de mutuas falsedades!

Eso no quiere decir que las personas sencillas no sean educadas ni finas, pero esto con sinceridad y humildad, sin diplomacias ni ventajas humanas.

Que tu amabilidad sea religiosa, que tu trato sea natural, tu bondad sincera y siempre dispuesta a servir y no a ser servida.

Si quieres ser sencilla ama a María […].

Pídele al Espíritu Santo, que es Espíritu de Verdad, Espíritu Luz, Espíritu de Amor, que te haga sencilla, que irradie en tu corazón para que te haga de cristal, de fuego»[2], [3].

 


[1] Cf. Mt 10,16.

[2] Carta escrita el 31 octubre 1923, en Cartas a Teresa de María, México 1989, 422-423.425. Texto editado por Fernando Torre, msps. El título está tomado de una carta del 9 enero 1918, 490.

[3] Aunque los artículos de estas Inyecciones de fuego deberían tener, como máximo, 1,800 caracteres, este es más largo, pues me fue imposible reducir más el texto original, sin que se perdiera una idea importante.

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