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Hermanas de la Vera Cruz Hijas de la Iglesia - BLOG

Maestro, sembrador de esperanza

01 de Septiembre del 2012

EL MAESTRO: SEMBRADOR DE ESPERANZA
 
H. Carmen Betanzos Yáñez
25 de Abril de 2010
 
Estamos a pocos días de celebrar el día del maestro, considero que en la etapa de la escuela forjamos nuestras personalidades, hacemos sólidas amistades y tenemos en los educadores auténticos modelos de vida; en este momento recuerdo a muchos de mis profesores quienes dejaron huella en mi vida.
 
Con el presente escrito, deseo hacer un homenaje a los hombres y mujeres que son sembradores de esperanza en los corazones de tantos niños y jóvenes, además quiero con ello recordarles su misión; para ello voy a tomar algunos escritos del magisterio de la Iglesia y frases de los tres últimos Papas.
 
Existe desde 1982 un documento que se llama: El laico católico, testigo de la fe en la escuela. Este documento nos invita a valorar la fuerza evangelizadora de los millones de católicos laicos que dedican su vida a la escuela y les recuerda su misión en la Iglesia: “Que los laicos respondan con gozo, con generosidad y prontitud de corazón a la voz de Cristo, que en esta hora invita con más insistencia; asóciense a su misión salvadora, para que, con las diversas formas y modos del único apostolado de la Iglesia se muestren como cooperadores de ella, trabajando siempre con generosidad en la obra de Dios, teniendo presente que su trabajo no es vano delante del Señor”.
 
Por cierto, quiero hacer una precisión, estoy pensando en todos los maestros católicos que trabajan en la escuela ya sea pública o privada… Estas reflexiones no son solamente para el maestro de la escuela católica, sino para todos los maestros. Para explicarme mejor daré algunos datos estadísticos, en México existen 228,000 escuelas y sólo 4,000 son católicas; en el país son dos millones de maestros y en el mundo hay alrededor de 25 millones.
 
Es decir, la Iglesia toma en cuenta a los católicos que se encuentran en los 25 millones arriba mencionados, muchos de ellos son bautizados; por lo tanto, tienen una fuerza evangelizadora enorme. “Efectivamente -dice el documento sobre el laico católico, testigo de la fe en la escuela- no se habla aquí del profesor como de un profesional que se limita a comunicar de forma sistemática en la escuela una serie de conocimientos, sino del educador, del formador de hombres. Su tarea rebasa ampliamente la del simple docente, pero no la excluye. Por esto requiere, como ella y más que ella, una adecuada preparación profesional. Ésta es el cimiento humano indispensable sin el cual sería ilusorio intentar cualquier labor educativa”.
 
Además, la evangelización del mundo entraña, con frecuencia, tal variedad y complejidad de circunstancias que sólo los laicos podrán ser testigos eficaces del Evangelio en situaciones concretas y ante muchos hombres. Por eso están llamados, particularmente, a hacer presente y operante a la Iglesia en los lugares y condiciones donde ella no puede ser la sal de la tierra si no es a través de ellos. En resumidas cuentas, el educador católico está comprometido en la tarea de formar hombres que hagan realidad la civilización del amor.
 
Y para lograr esto, para ser sembradores de esperanza y con ello hacer efectiva la civilización del amor, los maestros necesitan segúnel Papa Pablo VI, propiciar un pensamiento fuerte que genere una acción fuerte. “La acción –decía Paulo VI- no puede ser luz de sí misma. Si no quiere doblegar al hombre haciendo que piense como actúa, hay que educarle para actuar como él piensa. También en el mundo cristiano, donde el amor, la caridad, tienen una importancia suprema, decisiva, no se puede prescindir de la luz de la verdad, que presenta al amor sus fines y motivos. Recuerden que el hombre contemporáneo escucha más fácilmente a los testigos que a los maestros, o si escucha a los maestros lo hace porque son testigos”.
 
Lograr esto, educar de esta manera da miedo, porque exige del educador coherencia de vida… Es entonces cuando la voz del querido Juan Pablo II se escucha con fuerza: “¡No tengáis miedo!”
 
“No tengáis miedo”fueron las primeras palabras que Juan Pablo II lanzó al mundo entero desde la Plaza de San Pedro, cuando inauguró su pontificado, en 1978. Esas palabras recorrieron, como una melodía, todo su trabajo como Vicario de Cristo hasta su muerte en 2005.
 
“No tengáis miedo a la verdad de vosotros mismos”; es decir, el Papa propuso superar el miedo del hombre y de lo que ha creado. “¡No tengáis miedo de vosotros mismos!”. Desde el inicio hasta el fin de su pontificado el Papa exhortó a confiar en el hombre, desde la humilde aceptación de su contingencia y de su pecado, dirigiendo la mirada al único horizonte de esperanza: Jesucristo.
 
En una carta sobre la tarea urgente de la educación, escrita en 2008, el Santo Padre Benedicto XVI nos dice: “Todo auténtico educador sabe que para educar tiene que dar algo de sí mismo y que sólo así puede ayudar a sus alumnos a superar los egoísmos para poder, a su vez, ser capaces del auténtico amor; la capacidad de amar corresponde, de hecho, a la capacidad de sufrir, y de sufrir juntos”.
 
“Por tanto –continua- no puedo terminar esta carta sin una calurosa invitación a poner en Dios nuestra esperanza. Sólo Él es la esperanza que resiste a todas las decepciones; sólo su amor no puede ser destruido por la muerte; sólo la justicia y la misericordia pueden sanar las injusticias y recompensar los sufrimientos padecidos. La esperanza que se dirige a Dios no es nunca esperanza sólo para mí, al mismo tiempo es siempre esperanza para los demás: no nos aísla, sino que nos hace solidarios en el bien, nos estimula a educarnos recíprocamente en la verdad y el amor”.
 
Que estas palabras, querido maestro católico, lleguen a tu corazón, te reanimen y te impulsen a seguirte donando; a seguir siendo -en este mundo que a cada rato pierde esperanza- sembrador de esperanza.

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Instituto:

Emblema

Fecha de Fundacion:

3 diciembre de 1952

Fundador(es):

P. Edmundo Iturbide Reygondaud, MSpS


S. de D. Martha de la Inmaculada Christlieb Ibarrola